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Entrevista El Mundo a Xavier Mesalles  

Llegó a Campos por amor hace diez años, pero la vocación emprendedora lo ha acompañado siempre. He escrito emprendedora: el término parece seducirlo mucho más que el de empresario, se reconoce en él, lo reivindica. En su (todavía) pequeño local del Parc Bit, Mesalles ríe mucho al hablar, se entusiasma, exhibe optimismo. Viene de recibir, hace muy pocas semanas, un doble premio al mejor emprendedor de Mallorca y Baleares en 2015, concedido por la asociación Joves Empresaris, y está encantado con las especies que reporta el galardón: conexión gratuita a internet, tarjetas... Yo me pregunto cuánta repercusión llega a tener una noticia así para quien está luchando por asomar la cabeza.

 

P. ¿Qué le reporta a una joven empresa como la suya el premio que recogieron hace un mes?


R. Mi impresión es que la trayectoria de un emprendedor está hecha de inicios constantes, uno tras otro. Ese premio es, en parte, otro inicio, una forma de ganar visibilidad en el ámbito balear. De pronto detectas más visitas y que el interés del sector por ti crece. También es cierto que, a través de las redes, nosotros ya tenemos un impacto que llega más allá de las Islas. Pero ha sido una alegría que, además, supone una ayuda objetiva.

 

 

P. ¿Cómo nació su intuición de que podía tener algo que ofrecer en el ámbito de las discapacidades?

R. Verá, yo soy de un pequeño pueblo de la provincia de Lleida, y siempre he estado vinculado al mundo industrial, empezando por mis estudios de Ingeniería y siguiendo por mi primer trabajo, un pequeño taller que monté con pocos recursos en mi localidad. Allí hacía labores de mecánica, soldadura... Era algo humilde y muy divertido. Un día, un cliente nos habló de un amigo de veintitrés años que no podía acceder a la playa por culpa de su discapacidad...

 

 

P. ¿Y allí saltó su espíritu de emprendedor?


R. No exactamente: en ese momento, lo que primó fue mi afición a los inventos. Con mi padre, desarrollamos un prototipo muy básico de silla de ruedas que incorporaba un neumático que hacía poca fricción con la densidad de la arena de playa. Gracias a ese desplazamiento suave, aquel chico podía recorrer los diez metros de playa en poco tiempo y tocar el mar. ¿Había descubierto un nicho de mercado? Probablemente, y me alegro mucho. Pero al mismo tiempo, la satisfacción de ofrecer ayuda técnica y cercanía humana fue aún más importante. El caso es que nuestro prototipo ganó un premio tecnológico en una Feria y me permitió entrar en contacto con el Departamento de Investigación de la Generalitat. Estamos hablando del año 2000.

Durante siete meses colaborando con ellos, empecé a conocer este sector: catálogos, precios, tipos de discapacidades y los servicios y productos especializados que requieren, etcétera. La experiencia me puso en contacto con un inversor barcelonés que se traía entre manos un proyecto de grúas de techo, una tecnología que le brinda una gran autonomía al usuario que la instala. Me dediqué durante tres años a ello, y en 2006 quise cambiar. Desde ese momento y hasta 2011, creé una empresa off line: un equipo de instaladores a nivel peninsular con el que intentábamos dar un gran abanico de oportunidades al usuario final. Pero la desaparición de las ayudas a la dependencia llevó a la empresa a la quiebra. Fueron unos meses de desconcierto hasta que la lucecita de emprendedor volvió a encenderse. ¿Por qué no comunicar en redes sociales toda mi experiencia? Así que abrí una fanpage en Facebook, ofreciéndome como asesor en accesibilidad. Entre 2011 y 2014 , la página creció hasta los cien mil seguidores.

 

 

P. ¿Es una cifra impresionante, pero sigue en pie una duda: ¿cómo se rentabiliza una página en Facebook?


R. No se rentabiliza, ¡tiene toda la razón! Pero es una apuesta de futuro: te formas como community manager, las empresas se interesan en ti, e incluso sí que llegas a generar ingresos minúsculos gracias a la publicidad... La clave, sin embargo, está en que esa ventana me sirvió para ir perfilando un modelo de negocio. Me di cuenta de que el usuario final empezaba a percibirme como un preceptor, y las empresas te reconocían como intermediario. Pues bien, a ese modelo de negocio que intuí le puse un nombre, Discubre, y lo presenté en 2014 a la incubadora del Parc Bit. Pasamos el filtro de la incubadora, y de pronto pasé de tener una idea entre manos a tener un proyecto. No es lo mismo: ahora estaba obligado a encarar todo un desarrollo tecnológico que yo no sabía realizar, porque soy ingeniero industrial y no informático. Tenía dos opciones: o encontrar un socio tecnológico o encargarle el desarrollo a otra empresa. Pero lo segundo requiere un capital, ¡algo que los emprendedores nunca tenemos! [Ríe]. Así que encontré un socio con el que esbocé una plataforma web que intentaba ser algo parecido a Trivago pero dirigido a personas con movilidad reducida. Sin embargo, por el camino el socio abandonó el proyecto, ¡algo que ocurre constantemente en la vida de quien crea empresas! Y cuando ocurre, has de tener la cabeza fría para seguir adelante. Hubo otros intentos de desarrollar la plataforma, pero lo cierto es que en marzo de 2015 estaba en punto cero, con un modelo muy claro de negocio pero sintiéndome incapaz de darlo a conocer al mundo.

Y en julio 2015, directamente se habría acabado la gasolina si no llegan a aparecer dos inversores que asumen la deuda que arrastrábamos y nos permiten redefinir nuestra idea para dirigirla al ámbito internacional, con contenido en alemán e inglés además del castellano. Hasta enero de este mismo año, mediante una página creada a bajo coste, estuvimos haciendo todo tipo de pruebas y pasamos de ser un Trivago a una especie de Amazon. Ya no informábamos, vendíamos; de ser colaboradores de los fabricantes e importadores, pasamos a ser su competencia. Ahora sabemos que fue un error, porque nuestra capacidad para desarrollar un e-commerce ambicioso era limitada, pero nos ayudó mucho para entender algunas cosas, y tuvimos la oportunidad de ser los introductores de algunas marcas griegas, inglesas y alemanas en el mercado español.

 

 

P.  Bien, pero en todo caso, dice que fue un error. ¿Cómo han salido del atolladero, entonces?


R. Volviendo a los inicios, a la idea de dar información. Es cierto que eso implica un hándicap: ahora te conoce todo el mundo, saben de tu potencialidad. En todo caso, hemos acertado con la web, y ahora mismo tenemos un tráfico de dos mil visitas diarias en Google, una cifra que sube hasta los diecisiete millones de visitas semanales en las redes sociales, y una comunidad de ciento ochenta mil personas, con usuarios de cien países distintos repartidos en Europa, Asia, África, América...

 

 

P. ¿A qué se refiere cuando dice que han acertado con la web?

R. A que hemos entendido el impacto que tiene la imagen, ya sean fotografías o vídeos. No todos nuestros contenidos están disponibles en inglés, pero la empatía o el interés por un producto puedes generarlo a través de esos otros recursos. Jugamos con eso, y funciona muy bien. Además, atendiendo a las necesidades que nuestros usuarios nos han ido revelando, ahora hemos empezado a elaborar presupuestos. De todos modos, en el mes de junio Discubre pasará a automatizar sus procesos, ofreciendo una intranet propia al usuario final, que le dará toda la información relativa a sus intereses; y otra al profesional, para que le sirva de herramienta diaria de trabajo. Una de las consecuencias obvias de nuestro trabajo es que se rompen los monopolios que este sector genera, a menudo por la falta de información que suele circular.

 

 

P.  Y a todo esto, ¿cómo genera sus ingresos Discubre?
 

R. Tenemos una cuota anual de 130 al año, tanto si eres profesional, empresa, fabricante... Es una cuota baja, lo sabemos, pero responde a un modelo de captación: la idea es aumentar mucho el volumen de afiliados.

 


P. ¿Discubre es una empresa social?


R. Sí, pero tiene que quedar claro que los dos términos del concepto son igual de importantes: nuestra tarea es social, pero somos una empresa. Nosotros no trabajamos con ninguna institución, no lo hemos hecho nunca. Tampoco hemos tenido ningún tipo de ayuda pública. Así que nos parece lógico que quien pague sean los empresarios del sector, que son quienes ganan dinero. De ahí las cuotas. Para el sector, este momento se parece a ese otro en el que todos los consumidores empezamos a buscar vuelos mejores o más económicos en la red. Era ley de vida que el fenómeno llegara a las vidas de la gente con alguna discapacidad o vidas de movilidad reducida. Y es lógico, porque para ellos Internet supone una gran ventana al mundo.

 

Fuente El mundo

 


 

 

 

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